lunes, 19 de febrero de 2018

Baena Tocón en la prensa cordobesa

Por primera vez, el oscuro pasado del funcionario Baena Tocón aparece en la prensa cordobesa, después de haber sido desvelado en mi libro Nos vemos en Chicote. Reproduzco el artículo de Herminio Trigo Aguilar, ex-alcalde de Córdoba, publicado en el diario Córdoba el 17 de febrero de 2018:
Mis recuerdos se hunden en el secretismo con el que mi madre contaba, en voz muy baja, cómo en los años que duró la guerra y los que le siguieron, oía por las noches con verdadero terror las descargas de fusilería con que se asesinaba a los vecinos en la tapia del cercano cementerio de la Salud.
El franquismo cometió cientos de miles de asesinatos que quedaron impunes. Lo hicieron con una crueldad inusitada y privaron además, a los familiares de las víctimas del consuelo de poder velar y enterrar sus cadáveres de una forma digna y decente. Conmueve ver en estos días los restos mortales que están desenterrando en las cunetas o cualquiera de las fosas comunes que se están excavando. Solo desde unas mentes rebosantes de odio se puede concebir tanta crueldad.
Pero la maldad del franquismo no se limitó a asesinar, también nos ocultaron a los niños en la escuela la historia de lo que ocurrió. Aprendimos que Franco, Queipo de Llano, Mola, Cascajo, José Antonio, eran unos héroes. Azaña, un asesino. La cultura se limitaba a leer los clásicos y a José María Pemán. Descubrí la existencia de Miguel Hernández de mayor y por mi cuenta. Los perdedores no existieron, salvo Santiago Carrillo, el asesino de Paracuellos. Los maestros eran del Régimen, los anteriores de la República los fusilaron o represaliaron. El resultado fue que varias generaciones crecimos en la más absoluta ignorancia de lo que realmente ocurrió, con el añadido del miedo que nos habían transmitido nuestros mayores. Esa ignorancia continuó cuando llegó la democracia. El ruido de sables en los cuarteles y el miedo a una repetición de la tragedia, hizo que nos conformáramos con la recuperación de las libertades y la democracia, que no era poco, pero nada de mirar hacia atrás. Una ley de amnistía para los asesinos y aquí no ha pasado nada. También se enterró la historia.
En esas condiciones, ¿alguien sensato puede pensar que conocíamos quién era Antonio Cañero?
Cuando remodelamos la plaza del barrio, la Asociación de Vecinos nos pidió que cambiáramos el nombre que tenía de Monseñor Fernández Conde. No querían el nombre de un obispo para su plaza y nos pidieron que le pusiéramos el nombre del barrio. Por cierto, entre los vecinos había bastantes «comunistas». Y el Pleno, por unanimidad lo aprobó.
El año pasado me enteré de que el interventor que habíamos tenido en el Ayuntamiento durante los primeros años, Antonio Baena Tocón, fue miembro del Tribunal Militar que condenó a Miguel Hernández. Aunque en su momento lo hubiéramos sabido, poco se podía hacer, estaba amnistiado. Me adelanto a la posible acusación de que «los comunistas» consentimos tener de interventor a un sujeto como ese.
Es un sarcasmo que los representantes políticos de la derecha, empeñados en parecer herederos del franquismo, utilicen nuestro desconocimiento, fruto de la represión sufrida en la dictadura, como argumento político.
Ahora las circunstancias han cambiado, estamos conociendo la verdad de lo que pasó por estudios realizados por historiadores y además existe una Ley de la Memoria que obliga a recuperar los restos de las víctimas y a borrar de los espacios públicos los nombres de los represores. Me adhiero al acuerdo del Pleno Municipal que aprobó el informe de la Comisión.
* Exalcalde de Córdoba

sábado, 3 de febrero de 2018

El censor convertido en suegro de Gunilla

El censor Luis Ortiz, después de cuarenta años salvando almas como martillo de herejes, acabó de suegro de Gunilla, porque su hijo -miembro de la banda de "Los choris"- era célebre en la Costa del Sol por sus artes amatorias. La paradójica historia del censor ya está casi terminada. El año que viene publicada en Un franquismo con franquistas.



Jaime de Mora y Aragón


Uno de los protagonistas de Un franquismo con franquistas es Jaime de Mora y Aragón. La reconstrucción de su trayectoria vital es un desafío para el investigador escéptico, pero los hallazgos me han permitido conocer la verdadera dimensión de un personaje tan excéntrico como singular. Os dejo su imagen como miembro de la nova canço con motivo de su estancia en Barcelona durante los años sesenta, pero no os recomiendo escuchar el disco. 



Un franquismo con franquistas

El nuevo libro, Un franquismo con franquistas, ya está en marcha y va por buen camino. El objetivo es hablar de la dictadura y de quienes la apoyaron, pero sin perder el sentido del humor para afrontar semejante mediocridad. Por lo pronto, recordemos al dictador en esta tesitura digna de una sonrisa.





jueves, 11 de enero de 2018

Suelas gastadas entra en un debate

Suelas gastadas, mi último libro, está participando en el debate acerca de algo tan antiguo como son las noticias falsas o inventadas. Lo malo de muchas novedades es que no lo son, salvo en las apariencias:

http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/periodismo-ficcion-20180110004459-ntvo.html




miércoles, 27 de diciembre de 2017

Entrevista en Viaje al centro de la noche (RNE)

Amaya Prieto, la responsable de Viaje al centro de la noche, me invitó a hablar de la felicidad durante la cultura del franquismo (minuto 30 en adelante). Me divierte haber entrado en antena a los sones de la banda sonora de Sor Citroën, aunque sea para recordar que la España de los sesenta no fue una comedia protagonizada por Gracita Morales.

http://www.rtve.es/alacarta/audios/viaje-al-centro-de-la-noche/viaje-centro-noche-viajamos-porque-vida-tombola-2-24-12-17/4389820/


domingo, 3 de diciembre de 2017

Una nueva reseña de Suelas gastadas

José Ramón Giner, amigo y periodista, ha publicado una reseña de Suelas gastadas en el suplemento Artes y Letras del diario Información (30-XI-2017). Reproduzco a continuación el texto:



Miradas
PERIODISTAS DE AYER

José Ramón Giner


Yo llegué a conocer el periodismo de calle, un género que ya muy pocos deben practicar en la actualidad. Al contrario de lo que sucede hoy, la noticia no llegaba entonces hasta la mesa de las redacciones, y eran los propios periodistas quienes debían procurársela. Provisto de su cuaderno y su bolígrafo, el reportero salía cada mañana a la calle para no regresar a la redacción hasta media tarde, con las notas garabateadas de su trabajo. Como sucedía con el jazz de la época, el periodismo de aquellos años tenía mucho de improvisación. Las redacciones todavía conservaban un punto de bohemia que el avance imparable de la tecnología barrería unas décadas más tarde. Aquellos hombres habían hecho suya la respuesta de Chesterton —"señora, yo no sé nada: soy periodista"— y la exhibían con orgullo.
El profesor Juan Antonio Ríos acaba de publicar un libro, Suelas gastadas (*), en el que evoca a algunos de aquellos reporteros. No estamos —no se asuste el lector— ante uno de esos textos académicos que rehúyen deliberadamente la amenidad para fingirse serios. Hace tiempo que el profesor Ríos decidió abordar la escritura desde un plano más libre, más personal, sin perder ningún rigor por ello. Los suyos son trabajos de investigación, sí, pero lejos de ese supuesto carácter científico que han abrazado los estudios de humanidades y que tanto nos hace reír a algunos. ¿Hay algo más ridículo que un humanista tratando de imitar la objetividad de las ciencias?
No todos los protagonistas de Suelas gastadas son reporteros, en el sentido habitual de la palabra. Entre sus personajes hay periodistas en estado puro —Ignacio Carral, Luis Carandell, Xavier Vinader, Luisa Carnes—, pero también escritores como Francisco Candel o Vizcaíno Casas; incluso un verso suelto como Luis Cantero, a caballo entre el periodismo y la picaresca, que haría su carrera en las revistas del Grupo Zeta. Pese a las diferencias que existen entre ellos, todos presentan un punto común: son gente que para escribir pisa la calle, es decir, periodistas que hablan de lo que ven, de lo que conocen y no de lo que alguien les ha contado o de las notas que facilitan los gabinetes de prensa.
El libro del profesor Ríos no es sólo una evocación del trabajo de aquellos hombres que pisaron la calle para escribir sus crónicas. Es, también, una crítica al periodismo tal y como se practica hoy. Una crítica a la que no le faltan razones si pensamos que los últimos informes del Instituto Reuters muestran que algo más de la mitad de los lectores de prensa españoles no cree en la independencia de los medios de comunicación. Culpar en exclusiva de la situación a los periodistas y las empresas tal vez no sea del todo justo. A fin de cuentas, la prensa de una época es el reflejo de su sociedad. En cualquier caso, tiene razón Ríos cuando escribe que a los protagonistas de su libro "un periodismo a base de declaraciones de los mismos de siempre, gabinetes de prensa como inevitables filtros, tuits o píldoras de un pensamiento corto y reacciones compulsivas, nunca les hubiera fascinado."

(*) Suelas gastadas. Periodistas y escritores en tiempos de cambio (II República y Transición). Juan Antonio Ríos. Renacimiento - Publicaciones de la Universidad de Alicante.