sábado, 12 de marzo de 2011

Uno de los amores de José Luis Salado

El periodista José Luis Salado, mucho antes de fallecer en el exilio moscovita, fue un hombre con éxito entre las mujeres. Luisita Estesa fue una de sus amantes. Ya os podéis imaginar que no le acompañó al exilio porque Luisita no le sedujo precisamente por la vía ideológica:
http://www.youtube.com/user/vertxxgg#p/search/1/St86mWmun8g

Tres protagonistas del tiempo de la desmesura

Gracias a este vídeo, podemos escuchar a tres protagonistas de El tiempo de la desmesura. La Yankee, Alady y Tina de Jarque. La canción, por popular, seguro que será recordada por vosotros:
http://www.youtube.com/user/vertxxgg#p/search/0/5u-djcie3lQ

lunes, 7 de marzo de 2011

¡Qué país, Miquelarena!

¡Qué país, Miquelarena!

            Algunas frases sintetizan tanto que merecen una autoría colectiva. Es el caso de la que encabeza esta carta, pronunciada por el olvidado Pedro Mourlane Michelena ante el estupor que le produjo una situación donde se mezclaba lo racial y lo grotesco. Su amigo Jacinto Miquelarena la escucharía con el asentimiento de quien, como periodista, siempre procuró un barniz de refinamiento y gustaba de la síntesis.
            La exclamación se incorporó al acervo de las anécdotas comentadas en tertulias y, de vez en cuando, reaparece en la prensa sin necesidad de aludir a Pedro Mourlane Michelena o al mismísimo Jacinto Miquelarena, dos autores condenados a las notas a pie de página de los eruditos.
            Juan Cruz la ha recordado en un excelente artículo sobre los valientes y los cobardes publicado el 7 de marzo. Su atribución es errónea, pero apenas importa porque su utilización resulta pertinente. En cualquier caso, si escribo estas líneas es porque no abundan las ocasiones de recordar a quienes permanecen en el limbo de los estudios universitarios. Jacinto Miquelarena y Pedro Mourlane Michelena forman parte de esta nómina y, en un próximo libro dedicado a las hojas volanderas en tiempos de República, espero tener la oportunidad de rescatarles, aunque tan sólo sea para que la célebre exclamación se asocie a unos rostros dignos del recuerdo.

Juan A. Ríos Carratalá