lunes, 26 de septiembre de 2011

Portadas de obras de Mateo Santos

Cuando ya falta poco para que sea publicado el capítulo dedicado a Mateo Santos en Hojas volanderas, os adjunto cuatro portadas de las obras que se analizan en el mismo:



domingo, 18 de septiembre de 2011

Un error común sobre Jacinto Benavente


Algunas afirmaciones pasan de un libro a otro sin especificar su origen ni aportar pruebas. Alcanzan así una considerable fortuna, que se extiende a las conversaciones entre colegas porque son oportunas, sintéticas y hasta brillantes en ocasiones. También falsas, pero sólo cuando las tomamos en serio y comprobamos su fiabilidad.
            A menudo he escuchado y leído que la censura impidió, durante los años de la Victoria, que Jacinto Benavente fuera nombrado en la prensa. En su lugar, los periodistas se referían a él como “el autor de La Malquerida”. Este ninguneo nada sofisticado se cita como ejemplo de las exageraciones de una institución que, a lo largo del franquismo, hizo alardes de firmeza dignos de una caricatura. El problema es que algunos no se corresponden con la realidad de los documentos.
            La prueba es sencilla: escribamos “Jacinto Benavente” en el recuadro de búsqueda de las hemerotecas digitales de ABC o La Vanguardia y comprobaremos que hay numerosas entradas fechadas en la posguerra. Tal vez algún periodista de la época tuviera la ocurrencia de referirse a Jacinto Benavente como “el autor de La Malquerida”, para eludir así el nombre de un dramaturgo cuya trayectoria durante la guerra necesitaba de un purgatorio. El error es elevar el dato a categoría universal y suponer que la ocurrencia fuera fruto de una orden, aunque tácita.
            Jacinto Benavente debía justificar lo injustificable a los ojos de los vencedores y la tarea no le resultó sencilla. Los pormenores aparecerán en un próximo artículo, pero quede, al menos, desmentida la afirmación acerca de su nombre en la prensa de la Victoria.
            Algunos colegas permanecen refugiados en los libros basados en otros libros. Así se escudan en lo seguro y cómodo a la espera de “los tramos”. Mientras tanto, convendría revisar otros lugares comunes a la luz de unas hemerotecas digitales que nos darán sorpresas. Con las consiguientes dudas, claro está.



Los cacahuetes de Jacinto Benavente


LOS CACAHUETES DE JACINTO BENAVENTE

            El 7 de mayo de 1944, los lectores de ABC fueron informados de que Jacinto Benavente, tan ilustre como humilde, había comprado un cartucho de cacahuetes en la madrileña calle de la Victoria. La impactante noticia apareció acompañada de una foto, que mostraba al anciano dispuesto a pagar el estipendio porque, en realidad, era hombre de caprichos gastronómicos algo infantiles. Los pasteleros de Atocha sabían de sus debilidades en materia de bollería fina.
            Un periódico con tan exhaustiva vocación a la hora de informar acerca de los prohombres de la cultura, algo debía publicar por entonces sobre Rafael Altamira, aunque permaneciera en el exilio. Su caso era singular desde el momento en que la Junta de Burgos le dejó marchar a La Haya. Allí trabajó en el Tribunal de Justicia Internacional, hasta que los nazis le obligaron a refugiarse en Bayona, desde donde saldría en 1944 con destino a USA atravesando España bajo protección diplomática para embarcar en Lisboa.
            Los datos son conocidos, pero me interesaba establecer el tratamiento dado por ABC a este “liberal clásico” durante el franquismo. La consulta en la hemeroteca digital  fue sencilla y el resultado superó cualquier expectativa acerca del silencio o el desprecio en tiempos de la Victoria. La primera referencia a Rafael Altamira es su esquela (3-VI-1951), y porque fue pagada por su hijo Rafael, residente en Madrid y bien relacionado con el franquismo. También apareció ese mismo día una nota necrológica, aunque de tres líneas. Las suficientes para informar de su fallecimiento en Méjico, donde residía por motivos no especificados.
            Rafael Altamira fue tan republicano como prudente en sus declaraciones acerca de la guerra civil. El alicantino pudo volver mucho antes que José Ortega y Gasset, pero optó por la coherencia y el franquismo le envolvió en el silencio. La actitud de ABC es sintomática y continuó más allá de su muerte. Alguna cita o referencia indirecta, pero ni un solo artículo dedicado a recordar la trayectoria de quien no quiso ser partícipe de una Victoria que consideraba ajena e irracional. El precio fue el silencio de ABC, un diario que se mostró magnánimo con los exiliados dispuestos a la palinodia.
            Jacinto Benavente fue “un hombre péndulo” (Mª Teresa León) porque tenía vocación de gloria nacional. Pronto se hizo perdonar y hasta lo fotografiaban mientras compraba cacahuetes. Rafael Altamira optó por la coherencia mientras envejecía a la par que el dramaturgo. ABC le correspondió con un silencio que todavía estremece.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

La reedición de La memoria del humor

Acabo de reeditar La memoria del humor, con un texto corregido y aumentado que aparece en las ediciones digitales del Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alicante. Os adjunto la entrevista concedida a El Cultural de El Mundo con motivo de la reedición:
http://www.elcultural.es/noticias/LETRAS/2040/Rios_Carratala-_El_humor_es_un_antidoto_contra_el_fundamentalismo