domingo, 6 de noviembre de 2016

Reseña de Contemos cómo pasó

Os transcribo a continuación la reseña de Contemos cómo pasó escrita por Mario Martínez Gomis:





ÉRASE UNA VEZ AQUEL TIEMPO PASADO

El último libro de Juan A. Ríos Carratalá, Contemos cómo pasó. Imágenes y reflexiones de una cotidianidad (1958-1975) (Universidad de Alicante, 2016), es uno de los ensayos más personales de este catedrático de Literatura Española que ha trascendido sus trabajos filológicos para adentrarse en el terreno más amplio de la cultura y la historia de la vida cotidiana de nuestro siglo XX. Sus estudios en torno a las paradojas durante los cuarenta años de dictadura (Usted puede ser feliz. La felicidad en la cultura del franquismo), los tiempos violentos del tardofranquismo y la Transición, a caballo entre la realidad y el cine (Quinquis, maderos y picoletos) o el cinismo brutal de la judicatura de la época tras sus escaparates lúdicos (Nos vemos en Chicote) son una muestra elocuente de la reciente tenacidad investigadora de Ríos. Una tenacidad enfocada a recuperar una etapa de nuestra historia plagada de mitos y lugares comunes, ofuscada por las ficciones y las trampas de la memoria, y que estaba pidiendo a gritos un análisis libre de prejuicios y presupuestos maniqueos, para aproximarse a una realidad que siempre se nos antojará compleja y discutible, pero merecedora de un esfuerzo interpretativo alejado de los tópicos al uso más complacientes, y a la que el autor pretende llegar mediante el conocimiento de la política, el cine, las artes escénicas y la cultura de masas que forjaron el imaginario de esos tiempos.
Si en las obras citadas Ríos ha explorado el amplio territorio de estas cuestiones desde una perspectiva sociológica, hoy, a través de Contemos cómo pasó, su punto de vista ha experimentado un giro más intimista y personal al acercarse al pasado desde la perspectiva de los recuerdos del niño y adolescente que fue entre 1958 y 1975, convirtiendo el proceso de su educación sentimental y afectiva en una suerte de referente colectivo gracias a la contextualización histórica. Un ejercicio que Ríos define, acertadamente, como una «docuficción autobiográfica» para curarse en salud y asumir los riesgos que entraña la traición de la memoria.
La novedad del análisis actual radica en el encuentro del autor con sus vivencias familiares, escolares, lúdicas y culturales, con los modelos educativos y con ese cúmulo de renuncias de los sueños infantiles –heroicos, deportivos, artísticos- que se proponían en la vida como metas y cuyo incumplimiento sirvió para forjar el carácter del hombre que hoy ve todo ese aprendizaje desde el placebo del humor o la lúcida ironía. Pero no es la única novedad que nos ofrece Ríos en este trabajo: el espacio, la España de la época, se matiza mediante lo particular, las vivencias de la ciudad, del Alicante que brota en los recuerdos y busca otro cauce de identificación en amigos y paisanos. De este modo una fecha como la del 20 de noviembre, aniversario de la muerte de José Antonio, se evoca desde la mirada del niño que asiste al ceremonial fúnebre del Fundador y enlaza con la figura local del Negre Lloma y su leyenda urbana en torno a su imposible traslado al Escorial, a hombros de cinco mil falangistas, confundido en su féretro. Un esperpento local que conecta con el de más amplio espectro, el nacional.
De igual manera, las reflexiones en torno a la oratoria de la época, a la didáctica de la palabra, se cuelan en el claustro profesoral del instituto Jorge Juan alicantino como corolario próximo e inmediato del relato al uso en la docencia. Y las vivencias domésticas, particulares, ante la radio y la incipiente televisión se erigen en el testimonio íntimo del canto general propagandístico en torno a la «placidez» que quiso simular el Régimen. Todo un viaje de ida y vuelta con pasajes memorables en torno a un partido escolar de balonmano en una cancha cutre, a los recuerdos de los ídolos deportivos, al cine del Oeste y al twist de Chuby Cheker que suponían las vías de escape para alcanzar una felicidad que, todavía tardaríamos muchos años en entenderlo, aunque nos ayudaba a vivir, tenía la impronta de los productos que se vendían en Saldos Arias.
Mario Martínez Gomis

Información, 27-X-2016


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